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CasadoMania

La salud de este tipo también me importa una mierda

La salud de este tipo también me importa una mierda

"De Juana Chaos inicia una nueva huelga de hambre".

 La pregunta es: ¿a alguien más le importa si come o no?

 

Actualizado: Le han caído 12 años y medio. Tiene tiempo para pensar si come o no.

¿¿¿¿Y a mí qué cojones me importa????

¿¿¿¿Y a mí qué cojones me importa????

"El tripartito volverá a gobernar en Cataluña"

¿Me va a bajar la cuota de la hipoteca?

¿Me saldrá más barata el agua?

¿Pagaré menos por la luz?

¿Cobraré más?

¿Ganará mi Atleti?

¡Pues eso, joder!

Sonaba de fondo Cosmic Girl, de Jamiroquai. Sí, estaba viendo OT.

Quien a hierro mata...

Quien a hierro mata...

...  pues eso... Ya lo dijo Gandhi:... todos ciegos.

Besos a mis cartageneros favoritos, gracias por un día inolvidable.

 

 

 

 

 

 

 

La vida es un derby

La vida es un derby

Lo primero de todo, pedir disculpas por no postear en tanto tiempo. Parece que cuando uno está de puente (¡¡¡ESTOY DE PUENTE, SEÑORES!!! -gracias, Tania-) no le apetece ni escribir en su blog. Supongo que será porque cuando trabajo estoy caliente (malpensadores, abstenéos) y me cuesta menos escribir. Pero hoy, por vergüenza torera, me pongo. Y voy a hablar de fútbol ("ohhhh" generalizado)...

Pasado mañana domingo hay derby en Murcia: Ciudad-Real Murcia. Espero con ferviente deseo que los locales se lleven el partido. Os voy a explicar por qué soy del Ciudad, o del City, como se le está conociendo ya.

Empezaré explicandoos por qué no soy del Real Murcia. Y no lo soy con matices, porque aquí el que suscribe estuvo en la Redonda tras aquel matinal de domingo en el que un gol de cabeza de José Luis Acciari ante el Levante supuso el ascenso a 1ª. Pero nunca he tenido gran simpatía por el Real Murcia. Sólo cuando jugaba contra el Cartagena y/o Cartagonova me volvía acérrimo. También de pequeñito (bueno, de niño), cuando mis padres me llevaban junto a toda la familia a verlo contra el Burgos (ahí era hincha por joder, nada más). A lo que iba. Lo que más me ha reventado del Real Murcia es el realmurcianismo. El tufillo conservador merengoide que siempre lo ha rodeado. El comepipismo de la grada. Mateo Campuzano. El Ibarra. El sabemos el copón de fútbol y venimos a La Condomina a cagarnos en los muertos de nuestros propios jugadores. Que al Panadero de Archena se le oyera más que a los Granas Sur. Y muchas otras cosas.

Todo cambió cuando apareció allá por el 99 el City. Aunque vaya de rojo (habrá colores, joder, mira que elegir el mismo). El equipo, por no representar, no representaba a nadie. Así, como quien no quiere la cosa, se plantó en 2ª B. Me tragué, junto a una sui generis Peña Universitaria, unos cuantos partidos en el Sánchez Cánovas Stadium de Molina de Segura y otros tantos en La Condomina, cerca ya de los play-offs de ascenso a 2ª. Ese equipo casi sin hinchas me terminó de enamorar cuando, estando yo en Madrid, el otrora héroe pimentonero Aguilar mandaba al Castellón a freir porcelana y al City de Pina a la categoría de plata. Me hice del Ciudad porque es un equipo sin historia, sin héroes ni entrenadores legendarios. Sin apoyo masivo. Sin chicha ni limoná. Y precisamente por eso se ha ganado su propia historia. La historia del City es que no la tiene. El Real Murcia tendrá 100 años, estadio cinco ay no, perdón, cuatro estrellas (y un césped de mierda), tendrá a Aquino, a Vidaña, al Macho Figueroa y al sur sum corda. Pero no tiene el carácter del City, ese hijo goma-rota que le ha salido a Murcia, sin comerlo ni beberlo, que está en la misma categoría que el histérico histórico club de la Región, que sigue sin representar a casi nada pero que se te planta en la última jornada con posibilidades de ascender y que nuevo enterico y sin Abel, sigue dando guerra este año. Supongo, además, que ser del Atleti hace más fácil tenerle simpatía a un equipo como el Ciudad.

Tener una ciudad con dos equipos es una pasada. Todos tenemos un equipo favorito en las ligas extranjeras o en ciudades ajenas. Suele ser uno de los buenos. A mí me molan los malos. Es decir, los segundones. En España hay dos excepciones: El Levante, segundón de Valencia, que me cae peor que su eterno rival y el Espanyol, que me cae rematadamente mal por aquello de ser los falderillos del Madrid (tampoco es que el Barça me vuelva loco). Por lo que respecta al resto del mundo, soy hincha del Torino (jódete Juve), mi equipo londinense de toda la vida es el Tottenham (detesto al Arsenal), los pobretones del Celtic me apasionan frente a los malvados unionistas del Rangers, el desdichado Manchester City me despierta más cariño que el Man Utd (excepto por Cantona), los colores del aún descendido Munich 1860 siempre me han parecido más atractivos que los del todopoderoso Bayern, los menesterosos de Boca Juniors me parecen mucho más entrañables que los gallinas de River, la popular Roma es mucho más interesante que la fascista y elitista Lazio... Aquí añadiremos otras dos excepciones: Las de Milán y las de Liverpool. En ambos casos, han cambiado las tornas y ya no se sabe cuál es el segundón o el pobretón. En Milán, el AC Milan (y se pronuncia ’mílan’, igual que Juventus se pronuncia ’yuventus’) nació como el equipo de las clases sociales bajas, de los emigrantes del sur de Italia, mientras que el Inter era el de la burguesía e incluso con Mussolini, el del régimen. Hoy en día, el Milan es el equipo del poco proletario Silvio Berlusconi, mientras que el Inter está bajo la batuta del izquierdista Massimo Moratti. Son los dos muy laureados, pero me quedo con los rossoneri, gracias a aquel legendario Milan de los holandeses (Gullit, Rijkaard y Van Basten) y ese 5-0 al Madrid en la Copa de Europa del 89. En lo que respecta a Liverpool, algo parecido: El Everton nació como el equipo de los ricos y el Liverpool FC era el de los pobres. Pero la leyenda y los éxitos de los reds dejan como segundones a sus vecinos de Merseyside. Sólo por Bill Shankly (foto), entrenador escocés del Liverpool en los 60-70, que ha dejado las mejores frases sobre el fútbol de la historia, prefiero a los de Anfield.

Y por supuesto y por encima de todos, el segundón por excelencia, el equipo más desgraciado y más apasionante de la tierra: El Glorioso Invencible Club Atlético de Madrid.

Vaya rollo. Si has llegado hasta aquí, enhorabuena.

Sonaba de fondo: I’m Shipping Up to Boston, de Dropkick Murphys (extraído de la banda sonora de The Departed (Infiltrados), una muy buena peli.

P.D.: Ojito a la explicación que da la Wikipedia en alemán acerca de a quién representa el City y a quién el Murcia: "Ciudad de Murcia gilt eher als der Intellektuellen-Klub, während Real Murcia als Club der einfachen Leute gilt", que si los traductores on-line no engañan, viene a significar que el Ciudad es el equipo de los intelectuales y el Real Murcia el de las clases bajas. Me parto.

Actulizado dominical: Convencido de que perdíamos, oyes. Supongo que será lo justo.

Manipuladores, que sois unos manipuladores

Manipuladores, que sois unos manipuladores

Ser periodista es difícil. Estás rodeado de tópicos, de prejuicios, de dificultades y de problemas. Ser periodista no es una profesión alegre. Es una profesión ingrata. Es una profesión compleja. Es una profesión diferente. Pero os aseguro que es la profesión más bonita del mundo.

Que nadie piense que este post se corresponde a un mal momento. En absoluto. Estoy satisfecho con mi trabajo y con mi empleo. Se puede estar mejor, pero yo no tengo queja. Este post se refiere más bien a una conversación que tuve el viernes, comiendo con los compañeros del trabajo. Normalmente, los periodistas somos tremendamente desagradables cuando nos juntamos tres o cuatro, porque casi siempre hablamos de periodismo. Cuando además de los periodistas hay una persona en la conversación que no se dedica a ello, se aburre como una ostra. Pero a lo que iba. Que estábamos hablando de la profesión y quería compartir en el blog algunas reflexiones.

Son curiosas las reacciones de la gente cuando le dices que eres periodista. Suele haber una reacción de admiración, en plan "qué apasionante debe ser...". La gente, sobre todo la que es muy ajena a la profesión, cree (o al menos es la impresión que tengo) que participamos en conspiraciones políticas, en sucesos escabrosos, en exclusivas mundiales o en magnos acontecimientos. Nada de eso. Nos enteramos primero de muchas cosas, eso es cierto. Pero a nivel local, son pocos los que viven esas apasionantes aventuras. Pero en general, para muchos tenemos 'buena' imagen.

Luego están los que te miran con desprecio o directamente te lanzan un comentario crítico. Esa es la parte de 'mala' imagen. Esta imagen injusta nos la solemos ganar gracias a la televisión y al cine. Por ejemplo, cuántas veces habéis visto, en una escena policíaca (pasa mucho en CSI -María, esperamos ese post con ganas-) al jefe decir "Mantened alejada a la prensa", "Que alguien se ocupe de esa carroña", "Malditos periodistas, lo van a echar todo a perder". Los 'pogramas' del corazón no ayudan mucho tampoco. Los 'compañeros' (me parto) que salen en ellos, además, hacen un uso de la palabra 'periodista' que llega a cansar. Bueno, esa gente que nos mira mal piensa que no tenemos escrúpulos, que cualquier cosa que oigamos o veamos nos sirve para sacar una noticia (hay gente que llega a decir "eso no lo publiques, ¿eh?" cuando estás tomándote una caña... claro, que pienso yo "uy sí, que falsifiques los tiques de la ORA es la noticia del siglo"). Piensan que engañamos a la gente. Que mentimos, que manipulamos... en fin, los tópicos de siempre.

La reacción de la gente también depende de la tendencia política del interlocutor. Por ejemplo, ante un mismo tema, uno de izquierdas  un superprogre puede decir "Cómo manipuláis, ¿por qué ponéis en el periódico Detenido un ecuatoriano por pegar a su mujer? Si el tío fuera de Cuenca, ¿a que no lo pondrías?". El de derechas facha diría en cambio "Cómo manipuláis, ¿por qué no ponéis más grande que el maltratador era inmigrante? ¿por qué no publicáis que con ellos crece la delincuencia?". Los de derechas se suelen sentir en general más atacados. Supongo que será porque siempre (con matices, por supuesto) publicamos cosas que son verdad.

La reacción depende también de las profesiones y me refiero ya a cuando llamamos a alguien por teléfono para elaborar una noticia. A los médicos, por ejemplo, les damos urticaria y nunca mejor dicho. Este verano discutí con un médico por ello. Tienen pavor a que los malinterpretemos. Pero ellos no se dan cuenta de que "muchos" no nos vale para nada como respuesta. Estamos condenados al dato o al porcentaje. No es noticia que Muchos niños murcianos tienen piojos pero sí lo es que Tres de cada cuatro niños murcianos tienen piojos. Los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado (excepto los bomberos, que por el horario y el éxito con las tías que tienen están siempre de buen humor) nos odian, a no ser que seas cronista de sucesos de un periódico desde hace 15 años. En cambio, los políticos y los sindicalistas están encantados de salir en la prensa... siempre y cuando sea para lo que ellos quieren, vamos, para comprarles la moto.

Ser periodista significa saber de todo un poco. Tienes que saber qué es una recalificación, qué es un libro blanco, qué son los tipos impositivos, qué meses abarca un año hidrológico, cuándo es la época de recogida del brécol, los nombres de todos los miembros del equipos de gobierno nacional, regional y municipal, qué es la receptación, qué son las vistas preliminares, qué es un contencioso-administrativo, qué es el ácido bórico, qué es una videoinstalación, quiénes son Kiko y Sara, quién ganó OT, qué estilo musical tiene El Fary (¿flamenco? ¿copla? ¿rumba?), qué es un interino, cuáles son las edades de los alumnos en cada uno de los cursos de la ESO, qué procesión sale el Jueves Santo y cuál es su paso estrella, qué es una fragata, qué quiere un cantonalista, cómo se construye un submarino (ay, Cartagena), en qué consiste el ramadán, quiénes son los candidatos electorales de Ecuador, quién es Adam Raga, quién es el mejor maratoniano español, cómo va Alonso en el mundial de F1 y si Barrichello le dejará pasar o no, saber que Aragonés es El Sabio de Hortaleza y Torres es el Niño, que Dinamarca es una monarquía parlamentaria, que en Ciudad Juárez asesinan a mujeres, cuánto vale el metro cuadrado en tu ciudad, cuál es el barrio más poblado, tienes que saber matemáticas (sí, amigos), desenvolverte en Internet como un otaku, hacer una foto como Frank Capa y retocarla como el que se las hace a Ana Obregón, no tener faltas de ortografía (sagradísimo), escribir con ritmo y ser rápido, tener una agenda de teléfonos insondable, leer libros buenos (no vale El Código da Vinci), ver mucho la tele y escuchar la radio, leer periódicos de acá y acullá, estar las 24 horas alerta, trabajar gratis cuando empieces (esa idea, aceptada totalmente por directivos de medios y recién salidos de la carrera, la odio), trabajar domingos, trabajar unos de enero y veinticincos de diciembre, que te llamen para decirte que lo que has escrito es mentira, que tu jefe te ponga un titular en portada cuyo parecido con la realidad es pura coincidencia, salir del trabajo cuando media España está con la bata y las zapatillas puestas hace horas, ponerte tenso cuando oyes una sirena de policía o ambulancia, llamar a gente que ni te conoce ni te quiere conocer a las tantas para que te valore una noticia, aguantar misas, juras de bandera y discursos de varias horas... y todo, para que luego te encuentres un colega y te diga "¿Que no sabes que cierran el pub nosequé por no tener licencia? ¡Pues vaya una mierda de periodista!".

Podría pasar horas escribiendo sobre la profesión, sobre las condiciones laborales, sobre tener que estudiar la carrera más absurda de todos los tiempos, con asignaturas más absurdas aún y que encima te intenten convencer de que son importantes, sobre que cada vez somos más y nos pagan menos... Pero no os aburriré más.

¿Compensa ser periodista? No tardo ni un segundo en contestar: Sí. ¿Por qué? Porque, como ya os he dicho, es la profesión más bonita del mundo.

Sonaban de fondo: Algunas piezas del Peer Gynt de mi tocayo Edvard Grieg, como En la cueva del rey de las montañas o La danza de Anitra.

P. D.: Romperé algo el romanticismo y añadiré que, muchas veces al día, cambiaría la profesión más bonita del mundo por un trabajo de oficina, de esos de deja para mañana lo que puedas hacer hoy y jornada intensiva. Pero bueno, aún soy joven... vamos, eso creo.

La maldición de los murcianos

La maldición de los murcianos

Cocido. Así ha pasado el día. Entendedme. Cocido de calor. No sé que pecado hemos cometido los murcianos en otra vida para que nos toque este clima de mierda que tenemos. Toda España con lluvia y nosotros aquí, el puto 25 de octubre, a 30 grados. Esto es una maldición.

Y parece ser que mañana (hoy para el lector) será peor. De esto me joden dos cosas: una, la ropa y dos, que nadie se entera del calor que pasamos aquí.

En el caso de la ropa, está claro. Da como no sé qué llevar camiseticas, pantaloncicos finos y tal. Además, supongo que uno está deseando llevar ya la ropa de invierno, que por lo general, mola más que la de verano. Pero no. Hoy llevaba camisa y casi me asfixio. No transpiraba un pijo y parecía la miss de una discoteca ibicenca. Lo peor de todo, es que la semana que viene, de repente, así sin comerlo ni beberlo, hará un frío que te cagas. Y ya habrá que ponerse jersey (o suéter, como se dice en Murcia) y abrigo y tal. Pero la ropa de entretiempo, como cada año, se quedará como un adorno más en el armario: chaquetas vaqueras, polos de algodón tipo rugby... Aquí no hay entretiempo. Aquí hay infierno y frescoño. Ni más ni menos.

Sobre lo de que nadie se entera: me acuerdo que hace tiempo me dijo mi director (que está en Valencia) que, informativamente, el tiempo en general de España es el que hace en Madrid. ¿Que en Madrid hay una ola de calor? Pues hay una ola de calor en toda España. ¿Qué en Madrid hay temporal? Pues gota fría en toda España. No le falta razón, pero creo que además, hay dos o tres sitios de España que son los únicos en los que hace calor o frío o lluvia.

Me explico: pones las noticias. Temporal que te cagas en toda España. Primera conexión: Santiago de Compostela, Mariano Ribeiriño, infórmanos: "pues varios pueblos están incomunicááádos, non se recuerdan unas chuvias en Galicia tan fortes...". Declaración del paisano de turno, con acento Fraguil. Ídem. Siguiente conexión, Montserrat Capdevila, Barcelona: "Osti tú, unas rieras que s'an format a la zona de Lloret de Mar..." (¿qué coño es eso de rieras? Inundaciones, joder). Última conexión: Fulanita Mengánez, Madrid: "Esto es el apocalipsis". Probablemente esté diluviando en otros sitios de España, más que en Galicia, en Barcelona o en Madrid... pero qué más da. ¿Noticia de lluvia? Pues Coruña, Madrid y Barcelona. A lo mejor en la playa de San Lorenzo de Gijón las olas están llegando a Oviedo. Pero no. Los temporales son en Coruña, Madrid y Barcelona.

Ahora viene lo que más me jode: Ola de calor que te cagas en toda España. Primera conexión: Santiago de Compostela, Mariano Ribeiriño, infórmanos: "Os galegos non recuerdan un calor tan forte". El viejales de antes vuelve a dar su testimonio. Luego Montserrat Capdevila: "Las playas de Catalunya están a tope, tú". Y luego las conexiones más sangrantes: Dice la presentadora: "Pero si de calor estamos hablando, los que más lo sufren son los ciudadanos de Sevilla": Plano recurso de un par de ginchos bañándose en una fuente. Plano de un termómetro de la calle, esos con el símbolo del municipio de Sevilla. 40 grados. Declaración de la vieja de turno: "oú ziquillo toa la noshe con er abanico p'arriba y p'abajo azín arriquitaun quetaun". Y por supuesto, Madrid: "Los madrileños están pasándolo muy mal en las calles". Plano del termómetro: 38 grados.

Aquí es cuando yo digo: "Hijos de puta". Y digo "hijos de puta" porque asomas el careto a la calle y es como si abrieras el horno para ver cómo va la pizza. Porque vas por el centro de Murcia y ves en los termómetros 46 y 47 grados de temperatura. Porque no se puede ni respirar. Porque las chicharras dan caña que deben tener agujetas todo el invierno. Pero no. En España, el calor son los 38 putos grados de Madrid o los (¡uau!) 40 de Sevilla. En Murcia, joder, por no destacar no destaca ni el calor. Coño.

Lo siento, amigos, pero es que el calor... ME MATA.

Sonaba de fondo: God only knows, de los legendarios The Beach Boys.

Hasta la próxima.

P. D.: ¿Habéis visto esas camisetas que ponen "Ozú, que caló!"?. Reivindico la creación de unas que ponga "Acho, qué calor, capullo!"

P. D. 2: Hablo mucho del tiempo ¿no? ¿Me estaré haciendo viejo?

El cine español es una mierda

El cine español es una mierda

El sábado por la noche fuimos a ver La Dalia Negra (dirige Brian de Palma, protagonizan Josh Hartnett y Scarlett Johansson -ver unos posts más abajo-). Es una peli que viene a recordar las grandes producciones de cine negro, ya se sabe: polis/detectives con sombrero, mujeres fatales, constantes cigarrillos y voz en off del héroe.

La peli está bien. No es la mejor del mundo (L. A. Confidential es mucho mejor) pero es entretenida. Desde luego, mejor de lo que la pintan los críticos y los 'foreros' de imdb.com. Quizá sí le sobran algunos detalles escabrosos, filmados con demasiado detalle, pero mereció la pena la inversión sabatina.

Ver esta película me ha hecho pensar en la diferencia que sigue habiendo entre el cine norteamericano y el español. Ayer le preguntaba a Nuria cuál era la última peli española que habíamos ido a ver al cine. No nos acordábamos y me temo que fue Torrente 3 (menuda basura, por cierto). Los directores y los actores de cine españoles andan llorando contínuamente, y eso que en los últimos años la gente va más a ver cine nacional. Se quejan amargamente de que no pueden luchar contra las producciones americanas, de que no reciben ayudas y blablablablabla.

Sinceramente, que se jodan. Que se apliquen el cuento y que hagan cosas interesantes, pijo, porque las comparaciones son odiosas. Vale que el cine americano tiene un presupuesto en general que te cagas, pero es que el cine español no se puede comparar ni con el británico (muy bueno), el francés (muy bueno) o el italiano. Más de un superprogre estará jurando en arameo mientras lee, pero es la realidad. Excepción hecha de Amenábar, un tipo que tiene un sentido del espectáculo que debería ser ejemplo, el resto de directores españoles no valen ni para dirigir anuncios de Ariel, te lo digo como lo siento. Y ojo, porque de ésta quema voy a salvar a Almodóvar, que es la nave nodriza de los cineastas españoles que más detesto, pero que tiene un par de películas que merecen la pena (Hable con ella me gustó mucho). Exceptuaremos también a Álex de la Iglesia, por las mismas razones que Almodóvar (La comunidad es una obra maestra).

Por lo demás, el cienasta español puede ser de dos formas: Un viejuno rojeras, obsesionado con el sexo, o un joven superprogre que hace unas películas aburridas de cojones. Por lo demás, no se diferencian en nada: sexo, insisto, lo hay en todas. No hay peli española en la que no se vean unas tetas o un coño. El género es el drama. Son historias que se desarrollan en ambientes marginales, decadentes, deprimentes, con personajes deprimidos, meditabundos, aderezados con historias de malos tratos, de alcoholismo, de enfermedad, de desempleo. Vamos, para pegarse un tiro. Algunos dan una vuelta de tuerca más y se sacan una película totalmente incomprensible, abstracta, oscura... Y luego se quejan sus directores.

Aparte de la legión de borreguicos que van a ver esas pelis por razones de puro y duro esnobismo (aunque no tengan ni puta idea de qué va cuando salen del cine), al público en general no le mola ver esas pelis. Si no tienes nada que hacer un domingo por la tarde, prefieres entrenerte viendo una peli americana, por muy tonta que sea, antes que ver una peli española de las que antes refería.

Luego intentamos arreglarlo con las comedias, pero en fin, con títulos como Desde que amanece, apetece, la cosa va decayendo. Torrente está ya pasado y las comedias tampoco se salvan de situarse en un barrio chungo de Madrid o Barcelona, con prostitutas y con gente marginal (que tampoco tiene ninguna gracia).Yo me pregunto por qué no hacen pelis de aventuras, policíacas, de asesinatos, históricas, thrillers... Hay algún intento por las históricas, pero se queda corto (vale, ya sé que son muy caras). Y por Dios, no valen como históricas las pelis de la Guerra Civil ni de la posguerra ni de la transición.

Me temo que este post me ha quedado como un artículo de opinión de La Razón, pero es lo que siento. Lo que más me jode es que los directores jóvenes están sacando óperas primas del estilo. Sospecho que los estudiantes de las escuelas de cine en España ya entran a ellas con pelis en la cabeza como Los Amantes del Círculo Polar (te cagas) o Lucía y el sexo (o cómo ver en pelotas a Paz Vega -que es lo único que merece la pena-).

El cine español, en definitiva, está tremendamente politizado (no me representen ustedes, señores Bardem, que con aliados así cualquiera necesita enmigos) y muy autocomplaciente: se creen que son unos creadores de la hostia, unos librepensadores aplicados al cine que dan lecciones de dirección por todo el mundo y en realidad, son unos mataos que no han inventado nada nuevo. Por favor, que alguien los saque de la profesión.

Para que le pongáis caras a los actores y directores de mis iras: Tristón Tristán Ulloa, Benito Zambrano, Fernando León de Aranoa, Javier Bardem y su familia, Candela Peña, Najwa Nimri (¡cielos!), Juan José Ballesta y muchos más...

Hasta la próxima.

Sonaba de fondo: El Madrid-Barça, cuando empecé a escribir (algún día haré un post sobre lo que puedo odiar al Madrid y a todo lo que le rodea) y la banda sonora de Kill Bill vol. 1 (eso sí es un peliculón, como todas las de Tarantino, que merece otro post) cuando terminaba.

P. D.: Enhorabuena a Fernando Alonso. Bueno, como no va leer esto jamás, que le den morcilla, que es un antipático.

P. D. 2: Como véis, lo de los posts cortos me lo he pasado por el forro, lo siento.

It's raining, man!

It's raining, man!

Dios, cómo me gusta que llueva. Hoy ha llovido, hacía mucho que no ocurría. Me flipa. Supongo que será porque aquí en Murcia no llueve casi nunca (ABSTÉNGANSE LOS QUE QUIERAN DARLE UN MATIZ POLÍTICO A ESTE POST). Aunque si viviera en Gijón estaría hasta los huevos, imagino.

Hay varias cosas que me gustan de la lluvia: Aunque parezca de gilipollas, me gusta mojarme. No calarme como un imbécil y mirar al cielo y abrir los brazos. Me gusta la sensación de que me mojo mientras corro a coger algo a la terraza o sencillamente mientras voy caminando, aunque lleve paraguas. Me encanta también dormir mientras llueve. Supongo que a mucha gente, pero hay pocas cosas tan geniales como estar en la cama y escuchar cómo cae la lluvia (y si truena, mejor). Me mola como huelen el suelo y la tierra cuando llueve.

Pero lo que más me gusta de la lluvia, insisto, es el sonido. Fijaos si seré friki, que tengo un mp3, que dura un cuarto de hora, de una tormenta. Lo escucho mogollón.

Lo que no me gusta de la lluvia es la gente. Me explico. La gente en Murcia, cuando llueve, se vuelve idiota. La peña no sabe andar con paraguas. No me preguntéis por qué. Pero es imposible caminar por la ciudad, sobre todo si tú también llevas paraguas. Hay algunos que lo llevan calado hasta abajo, que no deben ver un pijo. Evidentemente, se van dando por ahí con cualquier cosa. Otros que lo llevan en plan sombrilla. Eso es peor, porque además de ponerse como un cristo, van arrasando con el paraguas, que les va quedando atrás. Luego están los que le dan vueltecitas. Graciosísimo, sobre todo cuando salen las gotas disparadas por los extremos de las varillas. Y en general, todos van chocándolos, unos con otros. Además, llevar paraguas es un por culo importante. Te inutiliza una mano, si llueve. No hay nada peor que ir con un paraguas en una mano, un cigarrillo en otra y que te suene el móvil. Estás jodido, tío. Y cuando no llueve, no sabes qué hacer con él. Te lo dejas en todas partes (aunque creo que muchos lo hacen a propósito). Como va empapado, llegas a un sitio cerrado y riegas el suelo por goteo. En fin, un asco. La solución de los chubasqueros no es mucho mejor. Parece que de un momento a otro te van a pedir que llenes el depósito a algún coche. Y se suda muchísimo.

Por eso, lo mejor es escuchar llover desde casita, calentito. Y tener a alguien cerca, para decir esa legendaria frase de "Joeeeeer, cómo llueve ahora".

Sonaba de fondo: Pues eso, un mp3 que se llama Rain and Thunderstorm. Qué triste, tener que escucharlo de forma artificial...

P. D.: A partir de ahora, voy a hacer los posts más cortos. Por el bien de todos.

Paso de decir hasta mañana, que cada vez que lo he puesto, he tardado varios días en actualizar el blog. Así que... ¡hasta la semana que viene! (por lo menos).

Operación Truño

Operación Truño

Me acabo de sentar en el ordenador mientras Nuria se ha quedado viendo en la tele Operación Triunfo. Sé que es muy fácil escribir sobre este programa, que habrá millones de líneas escritas sobre él y en un 99% de casos, poniéndolos a parir, pero qué diablos, no me puedo aguantar. Este espacio televisivo, siento decirlo, está más pasado que unos caramelicos de Semana Santa que tengo aún por ahí. Está todo más visto que el TBO y le auguro un futuro incierto en esto de las audiencias de televisión. Lo peor no es que el programa fracase, sino que con él fracasan los triunfitos (en adelante, truñitos), de manera estrepitosa.

Y no me extrañaría que fracasara, porque es un programa tan sumamente artificial y poco natural que no hay ultrafan que lo soporte. Todos los años vemos gente parecida: hay un puñado de buenorros/buenorras. Otro tanto de chicos de extracción rural. Un poco de personaje desgraciado (por su obesidad, su fealdad o su, como este año, sordera). Un poco más de niño/a que se ve obligado a crecer y por último, una pizca de graciosillos. Lo demás, viene dado: Llantos absurdos, ridículos, amparados en eso de que "las cosas aquí se viven muy intensamente". Llantos que por su exagerada repetición provocan risa. Falsa modestia (eso que me revienta de "no, no, te quedas tú y me voy a ir yo", que se dicen entre sí los nominados, cuando en realidad piensan "vete tú, maldita gorda"). Seguidismo desconcertante a unos maestros que me río yo de los maestros, no me jodas, que no dicen absolutamente nada de nada, que cantinflean, que usan expresiones patéticas, vacías y estereotipadas como "salir de dentro" y cosas por el estilo... No soporto a Kike Santander, con esas metáforas descacharrantes ("eres como un besho jardín, que da flores a veses y otras veses no, y esas flores son tus cansiones"), ni a la profe-de-no-sé-qué, esa tipa venida del Caribe, que tiene pinta de vidente del Canal Latino, y que está todo el puto día diciendo "mi amoooooorl". Luego está Jesús Vázquez, del que sólo diré que tiene millones de hormonas de testosterona flotando a su alrededor y sólo piensa en el follisqueo y en que sepamos que es gay y que tiene un "chico" (ya lo sabemos, Jesús, ya lo sabemos).

Pero volvamos a los truñitos. A mí en el fondo me dan una pena terrible. Se les ve que no dan más de sí. Supongo que todos sospecharán, aunque no quieran pensarlo ni de coña, que todos, dentro de unos tres años (algunos dentro de tres meses), volverán a su vida habitual y que su primer y último disco (hecho en 10 días) aparecerá pronto en los saldos de esos del montón de a 1 €. Acabo de hacer un buscado rápido por mi adorada Wikipedia, y veo que hay 84 (!!!) truñitos repartidos por el mundo. Propongo un juego: parad a pensar y decidme 8, de los que 5 NO pueden ser de la primera edición... ¡Prueba no superada!

Normal, joder, normal. Ponedles cara a estos nombres (al azar): Tony Santos. Cristie. Federico (os juro que había uno que se llamaba así). Guille Barea. Mario. Trizia. Marey. Alejandro. Qué. ¿Cuántos os salen? Lo más curioso y lo acabo de comprobar yo ahora mismico, que aparte de los de la primera edición (los archifamosos Bisbal, Chenoa, Bustamante, Rosa de Epppaññña... y a los que prometo que les dedicaré un post, ensañándome también, como no podía ser de otra forma), los que más recuerdo son los más frikis: Joder, mantengo vivo el recuerdo de Enrique Anaut (oh, cielos), Juan Camus (oh, cielos), Javián (oh, cielos), Danni Úbeda (leo que ha tenido mucho éxito en Ecuador y Perú: ya sabemos por qué sus ciudadanos huyen en masa a España)... Estos personajes merecen un Operación Triunfo aparte.

De este año apenas he visto lo que he tardado en comerme una ensalada (sí, amigos, ceno ensaladas -aunque no se me note aún-) y he comprobado que todo sigue igual. Bueno, igual no. Hay una murciana. Tenía que pasar. Mis oraciones no han sido suficientes.

Lo dicho, que Operación Truño es pasado televisivo. Está agotado y es agotador. Habrá que ver si para la próxima edición alguien se da cuenta.

Sonaba de fondo: La banda sonora original de Amèlie, compuesta por Yann Tiersen (una pasada).

PD: Comprobaréis que no he mencionado a Soyaya, la del Poyeya. Bueno, las palabras ’Soyaya’ y ’Poyeya’ pueden definir mi opinión al respecto.

PD2: No dejéis de visitar el primer enlace, el blog de mi ex compi y amiga Mery. (Úsese voz de Buenafuente imitando a Robert de Niro) "Ese blog es bueno, tío..."

Ale, hasta mañana.

Las cosas por su nombre

Las cosas por su nombre

No hay cosa que más odie que los festivos entre semana. Bueno, sí las hay, pero es una forma de hablar. Da igual si trabajo o no. Son peores incluso que los domingos, porque en éstos, por lo menos, tienes el Carrusel Deportivo (que sé que ha deprimido a generaciones enteras de españoles -ya se sabe, con el soniquete ése de "Goooooooooooooool en la Romaredaaaaaa"-, pero a mí me relaja).

Este día del Pilar, o de la Hispanidad, ha sido uno de esos días. No hay ni perry en la calle. Todo cerrado. La gente desaparece. Y a mí me llama mucho la atención que no haya nadie por las calles. Entiendo que mucha gente se va de viaje o a la playa, pero también hay mucha que se queda en Murcia. ¿Se encierran en casa? Joder, tienen el día libre, ¿no salen? Qué pasa, que si no hay tiendas, ¿no merece la pena salir? (admito con sonrojo que yo, los domingos, no salgo ni a tirar la basura, ¿eh?, pero yo es por quejarme de algo).

Bueno, a lo que iba: hoy (ya) es San Eduardo, rey de Inglaterra (en la foto). Es mi santo. En Murcia, la gente celebra con gran alharaca sus santos. En mi casa apenas se recuerda. Se felicitan, pero nada más. Yo creo que no está nada mal eso de celebrar los santos de igual manera que los cumpleaños. Al fin y al cabo, el día de tu cumpleaños es pura casualidad. Mola recordarlo, pero es un día como podía haber sido cualquier otro. El día de tu santo te lo eligen tus padres. Y uno se identifica mucho con su nombre. Me mola a mí todo lo relativo a los nombres. Hay una web (en inglés) que está fenomenal, te dice tu nombre en la pera de idiomas y un montón de curiosidades. En hawaiano, mi nombre es (te cagas) Ekewaka (Eke para los amigos). Y en finlandés, Eetu.

La verdad es que me mola mi nombre. Sobre todo viendo algunos por ahí. Yo creo que se ha pasado la moda de los nombres americanos (tipo Kevin, Jonathan, Joshua...). Ahora, por lo que tengo entendido, se llevan los nombres directamente raros. Ahora hay Naiaras, Idairas, Shakiras, Chenoas, Yonays, Yerays y toda la tribu de Pocahontas. También ha llegado una moda absurda, venida de Madrid, que no es otra que la de poner nombres vascos a zagales cuando lo más vasco que han visto sus padres es una chistorra. ¡Dios, que mal queda ver por ahí un Aitor Sánchez, un Joseba Abellán o un Gorka Pacheco! (gracias en gran parte, al portero del Mandril Madrid).

Vamos, que con lo importante que es el nombre de uno, los papás y las mamás deberían pararse un ratico para pensarlo. Claro que no todo el mundo es como yo, que para decidir el título, por ejemplo, de este blog, me pasé horas. Yo no podría tener perro, porque no me decidiría por ningún nombre jamás. Cuando tenga un hijo, haré como la Familia Real: le pondré cinco o seis, para tener donde elegir si me arrepiento. Claro, que le puede pasar como al primer nieto de los Reyes, que tiene cuatro y todo el mundo le llama Froilán (menuda putada).

A ver si paso un buen santo. El año pasado lo pasé trabajando, y éste también toca. Por lo pronto, me voy a desear muchas felicidades (no soy el primero, Nuria ya lo ha hecho) y se las deseo también a todos los Eduardos del mundo. Y también por supuesto, a todos los Ekewakas.

Sonaba de fondo: Let Forever Be, de The Chemical Brothers (un temazo).

Sed buenos. Hasta mañana.

Scarlett

Scarlett

Estaba el otro día en unos conocidos grandes almacenes (que es como los periodistas llamamos a El Corte Inglés) y me acerqué, como suelo hacer, al kiosco de prensa (sobre lo de estar en el kiosco de El Corte Inglés escribiré algún día un post) y allí me llamó la atención ver (de un simple vistazo) que hasta en seis portadas de diferentes revistas (algunas de cine, otras de las llamadas masculinas) aparecía el mismo rostro: el de Scarlett Johansson.

Entre que va a estrenar algunas pelis y que las que ya ha estrenado recientemente han tenido relativo éxito, esta rubia a la que le saco cuatro años (Dios mío, ya le saco años hasta a las estrellas de cine) se está convirtiendo en la actriz de moda de Hollywood. Veamos. Las cosas como son. La zagala (la edad me permite decir zagala) está muy bien, pa qué nos vamos a engañar. Diablos, tengo que decirlo: Está bien buena. El caso es que independientemente de las pelis que haga, si son de calidad o no, la pequeña Scarlett (1.63 m) está ’iconizándose’.

Con este palabro, que me acabo de sacar de la manga, vengo a decir que a su corta edad está empezando a convertise en una de esas actrices que supera el "me gusta" o el "es mi actriz favorita". Empieza a ponerse como ejemplo de diosa, como ejemplo de sueño inalcanzable. De hecho, detrás de mi asiento en el periódico, hay un recorte de prensa con una foto de la ínclita Escarlata, vestida con un vestido ídem, que lució en la última entrega de los Globos de Oro. Allí la ha colocado mi compañero/vecino de ala Jota (pincha aquí para saber por qué esa foto y no otra).

Algunos la llaman la nueva Marilyn. No me parece adecuado (y me fastidia mucho esa manía que tienen los periodistas anglosajones de encontrar a los 'nuevos-cualquier-persona'). Scarlett Johansson no es la nueva Marilyn, entre otras cosas porque Marilyn sólo había una. Scarlett ha conquistado nada menos que a Woody Allen (no os perdáis, por nada del mundo, Match Point). Eso no pasa todos los días.

Por eso no me extraña que de golpe y porrazo, esta neoyorquina, que lleva 34 pelis, está rodando una más y va a rodar otras cuatro, aparezca en 6-portadas-6 de seis revistas del kiosco de unos conocidos grandes almacenes.

Es bueno que no dejen de aparecer Scarletts Johanssons en el cine. Salen de poco en poco. Las pantallas se llenan de Lindsays Lohans, Jessicas Albas y Kates Hudsons (o lo que es peor, Penélopes Cruz). Que no dicen nada. Que serán todo lo guapas que quieras, pero que son como un huevo sin sal, que puede que te llenen pero que no te saben a nada. Que no son ni serán mitos. Que no saldrán en fotos recortadas de prensa que Jota cuelgue en el corcho de detrás de nuestras cabezas.

Al fin y al cabo... ¿qué es Hollywood sin mitos como Scarlett Johansson?

Sonaba de fondo: Dos versiones del tema BKAB, de Ethan Stoller (pertenecen a la banda sonora de V de Vendetta).

PD: Mi monitor se sigue viendo como el culo, pero parece que el PC se cuelga menos. A pesar de que debería haber estado buscando soluciones en foros de Internet (sí, esos sitios llenos de 'listillos-que-tó-lo-saben'), me he pasado un rato viendo monólogos de Paramount Comedy Riendo. En fin, que al final habrá que llevar al chiquillo al médico, antes de que el que tenga que ir sea yo, y encima al oculista.

Hasta mañana.

394 troyanos (y diez divertidos gusanos)

394 troyanos (y diez divertidos gusanos)

Nada de esto debería estar pasando. Debería estar escribiendo sobre otro tema, del que espero hablaros pronto. Pero sucesos recientes me obligan a contar una terrible crónica. Aviso de que los avezados en informática podrán descojonarse de mí durante largas horas.

Cuando me disponía a escribir, el PC que Nuria y yo compartimos (como tantas y tantas cosas), ha comenzado a comportarse de manera extraña. No sé qué problema le ocurre al archivo "ati2dvag", el de la tarjeta gráfica. El caso es que las letras, sobre todo si son negras sobre blanco, se ven como borrosas, como si no llevara puestas las gafas. En nuestra inocencia, hemos decidido ’pasar’ el antivirus. Sí, ahora es el momento de volver a leer el título de este post.

Sí amigos. No 20 ni 30 ni 50 ni 100 ni 200. 394 troyanos. Más o menos los que matarían Aquiles, Ulises y el resto de aqueos en la guerra de Troya. Allí estaban Paris, Héctor, Príamo y toda su familia. 394 troyanos que han llenado de ventanitas mi nuestro PC durante los escasos cuatro días de los que disfrutamos del ADSL de Telefónica.

Pero es que los amigos troyanos venían con 10 gusanos de evocadores nombres como Korgo, Anzae o Gaobot. Estos sí me preocupan, porque son los que hacen que parezca que me he tomado cuatro copazos cada vez que miro a la pantalla. El ordenadó tá malito. Ya os iré contando cosas acerca de su recuperación (o no).

Este tema de los virus me ha hecho pensar en el/los hijo/s de la grandísima puta (no tienen otro nombre) que se dedican a crearlos. Ahora mismo, uno de esos cabrones, gafapastoso y recubierto de acné, estará sentado en su casita, delante de su PC, creando monstruitos, mientras en otra pantalla ve porno ilegal y en una tercera descarga snuff movies, que encima seguro que serán falsas. Y yo, mientras, aquí estoy, achicando los ojos (parezco ya El Fary) para poder ver lo que escribo... ¿¡Qué le habéis hecho a mi tarjeta gráfica, canallas!?

Otra de las cosas más apasionantes del mundo del virus es ver, in situ, cómo trabaja el antivirus, cómo va pasando archivo por archivo, carpeta por carpeta. Me he enterado de que en el PC teníamos 80.718 archivos (un 0,4% de ellos, infectados -lo de sacar datos de este tipo es deformación profesional-). Pero hay cosas que no entiendo, como por ejemplo, los nombres que le ponen los de Microsoft a las carpetas... ¿Qué clase de nombre es "$hf_mig$"? ¿Qué significa eso? ¿De veras los informáticos de Microsoft leen "$hf_mig$" y automáticamente saben lo que es? ¿No le pueden poner nombres como "Imágenes", "Sonido", "Sistema", "Gráficos" o "Información"? ¿Qué ocultan? ¿Hay mensajes satánicos tras los nombres de las carpetas del sistema operativo Windows? Es tarde. Comprendedme.

Sonaba de fondo: Mi llanto y mi rechinar de dientes (no son horas de poner música).

P. D.: Lo de arriba lo escribí ayer, de madrugada. Tuve la buena idea de ir guardando lo que escribía, dada la agonía del ordenador. Estaba en lo cierto, petó cuando estaba casi terminado el post. Y lo publico ahora.
 

Gente que cae mal

Gente que cae mal

Hay gente, y me voy a referir sólo a la gente famosa, que por alguna razón cae mal a todo el mundo (o por lo menos, a cuatro de cada cinco personas). No, no me estoy refiriendo a gente como George Bush, Sadam Hussein o Arnaldo Otegi. Me refiero a gente que no necesariamente ha hecho méritos para caer mal. A gente que cae mal porque sí.

Me ha venido esto a la memoria después de que en la semana que ya ha terminado hace un buen rato, nos enteráramos de que la nueva serie de Ana Obregón se despedía de la parrilla, por malos resultados de audiencia. Por lo que pude ver en algunos foros de Internet, y por las opiniones que he podido escuchar, la gente se ha alegrado. Se ha alegrado porque a esa gente "le cae mal Ana Obregón". Las razones son un tanto difusas. ¿Es por su forma de ser? ¿Por su forma de hablar? Aunque me incluyo entre los que no la tienen en alta estima, parafrasearé a Poncio Pilatos y diré que no encuentro en esta mujer ningún delito como para que la opinión pública la quiera crucificar.

Hay mil ejemplos más: Isabel Pantoja, que cae rematadamente mal, incluso peor que su marido, que tiene razones penales para caer mal de verdad. Fernando Alonso, del que todo el mundo dice que es un gilipollas, un estúpido, un creído y un antipático aunque nunca nadie se ha tomado ni un café con él y aunque es tan buen piloto (hoy lo ha demostrado) que sólo por eso merecería algo de indulgencia.

Un ejemplo que me maravilla es el de Letizia Ortiz, la princesa de Asturias. Pensadlo un minuto. ¿A cuánta gente le cae bien? A poca. Es (dicen) dominante, engreída, trepa, libertina...  No sabemos muy bien por qué, pero todos lo decimos. Y no, no la conocemos. Joder, ésta ni siquiera habla a menudo por los medios.

Pero además de nuestras fobias, me llaman la atención nuestras filias. A la mayoría de la gente, por ejemplo, le caía bien y guarda aún un buen recuerdo de Jesús Gil. Un tipo que fue el que dinamitó, por ejemplo, lo que ha quedado ahora de Marbella. Que tenía pleitos a miles. Que estaba envuelto en un oscuro caso en el que murió mucha gente. Que insultaba a quien le daba la gana y cuando le daba la gana. Que no respetaba casi nada. Pero la gente le quería y los atléticos (como él nos llamaba) le tenemos como un hombre bonachón y entrañable.

Somos raros de cojones. Supongo que dependerá de la estrella con la que nazca uno. Debe ser una putada caer mal a todo el mundo, sin comerlo ni beberlo. Y tiene que ser increíble que hagas lo que hagas, o digas lo que digas, la gente te quiera y te ría las gracias.

Ni siquiera yo lo haré, pero cuando veamos en la tele a algún personaje que nos caiga especialmente mal y estemos dispuestos a glosar sus miserias, deberíamos pararnos un instante y pensar el porqué de nuestra fobia. Seguramente, no diríamos nada.

Sonaba de fondo: El lago de los cisnes, de P. Tchaikovsky

Pues ya estoy aquí

Pues ya estoy aquí

Pues sí. Tenía ganas de estrenarme en esto de los blogs. La verdad es que uno no sabe muy bien de qué coño escribir en estas cosas, pero supongo que se me irán ocurriendo poco a poco. Ante todo, he de decir que me ha costado un huevo crearlo. Primero porque no sabía en qué servidor abrirlo. Segundo porque no sabía cómo bautizarlo. Tercero porque no sabía qué colores o qué formas o qué mil cosas ponerle al blog dichoso. Luego mil años eligiendo la foto. En fin...

El caso es que estoy aquí, escribiendo para supongo que nadie, pero digo yo que así empezarían muchos.

Hasta dentro de un ratico (o un día o vete tú a saber)

Sonaba de fondo (entre otras): You Only Live Twice, de Natacha Atlas